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Sobre el PBI del segundo trimestre y las perspectivas

El dato del segundo trimestre del PBI mostró una caída interanual de 0,1%, es decir prácticamente un estancamiento respecto a igual período de 2014; y una caída de 1,8% respecto al primer trimestre del año en términos desestacionalizados. Con esto, el crecimiento del primer semestre respecto a igual período del anterior queda en 2,1%.

Tal como lo indica el informe del BCU, la caída del sector de generación de energía eléctrica es clave para explicar el mal resultado de este 2do trimestre. Este sector en términos interanuales tiene una caída de 58,5% provocada por la sequía y la menor generación de energía hidráulica. Este dato, que suele tener grandes variaciones, genera un impacto negativo sobre el PIB de 1,6% y se "come" todo el crecimiento de la industria, que fue de 9,7% e impactó positivamente en el PBI en 1,2%. La fuerte expansión de la industria se explica fundamentalmente por otro hecho excepcional como lo es la operativa de Montes del Plata, que el año pasado a esta altura no estaba produciendo. Por lo tanto, todo lo que crece la industria especialmente por el efecto Montes del Plata es contrarrestado por la caída de la generación de energía eléctrica.

A nivel sectorial, el comercio cae (4,2%) por las menores importaciones y la construcción vuelve a caer (4,1%). Por su parte, crecen transporte y comunicaciones (3,1%) liderado por estas últimas y la actividad agropecuaria (2,2%) fundamentalmente debido también al efecto de Montes del Plata.

Por el lado de la demanda, se observan caídas tanto en el consumo, la inversión y las exportaciones. También caen las importaciones, pero como esto resta en el PIB contribuye positivamente. La caída del consumo no se esperaba y si bien se venía desacelerando no caía desde 2003. También caen las exportaciones que no venían cayendo en volumen aunque sí venían cayendo en precios. Esta caída de exportaciones se da tanto para bienes como para servicios y se da a pesar del aumento de las exportaciones de pulpa de celulosa de Montes del Plata, porque las caídas de soja, carne y trigo son más fuertes que este aumento.

Las perspectivas

El dato confirma el escenario de desaceleración económica que vivimos. Ella se da además, en un contexto signado por dificultades en materia fiscal (déficit de 3,5% del PBI), presiones alcistas sobre la cotización del dólar y una inflación que anualizada está muy cerca del 10%. También es un hecho que el contexto internacional se ha vuelto más desfavorable, particularmente la situación de Brasil y China.

Frente a esta realidad, mucho se discute sobre qué hacer, qué atender primero. Resulta claro que priorizar alguno de estos problemas puede repercutir desfavorablemente en los otros. Por ejemplo, dejar de intervenir avalando una fuerte suba del dólar presionará aún más la inflación, o priorizar esta última mediante tarifas públicas deterioraría aún más el frente fiscal. En este escenario, una vieja receta conocida es la de recortar el gasto público y frenar o incluso disminuir los salarios reales. Así se corregiría el déficit fiscal, se moderarían las presiones inflacionarias y ello permitiría convalidar un aumento del tipo de cambio que junto a la reducción de los costos, mejoraría lo que estas concepciones entienden por “competitividad” del sector privado.

Esta mirada, que refleja la visión y los intereses de algunos sectores de la sociedad, no toma en cuenta otros flancos también problemáticos de la economía nacional. Por ejemplo: en materia salarial, pese al importante crecimiento real de la última década, casi 500.000 asalariados no alcanzan los $ 15.000 líquidos por 40 horas semanales de trabajo y el peso relativo de la masa salarial en el PBI aún no ha alcanzado los niveles que tenía previo a la crisis de 2002. En materia de gasto público, herramienta fundamental tanto desde lo distributivo como desde la perspectiva del desarrollo económico, son muchos los desafíos que todavía enfrenta el país en materia de educación, cuidados, salud, vivienda, combate a la pobreza, infraestructura, etc.

No nos parece bien mirar una parte de los problemas y hacer caso omiso a los otros. No es bueno solucionar la “competitividad” de las empresas en base a retroceder en términos salariales y debilitar la matriz de protección social. No sólo no es conveniente para los trabajadores y los sectores más vulnerables de la población, sino que no es conveniente para el desarrollo del país. Por lo tanto, es necesaria una mirada integral de los problemas que, buscando encontrar estos difíciles equilibrios, evite a toda costa retroceder sobre los avances alcanzados en los últimos años y en la medida de lo posible, debe encontrar los caminos para seguir avanzando en términos distributivos, sociales, etc.

En el escenario de desaceleración planteado debe hacerse una primera observación: la economía uruguaya no está estancada y mucho menos en crisis. Tomando en cuenta la importancia que juegan las expectativas en los fenómenos económicos, la peor estrategia ante este empeoramiento relativo es agitar fantasmas, inducir a que entramos en crisis, crear “pánico”. El crecimiento económico semestral fue de 2,1% y en la medida en que no se repitan otros elementos como la caída del sector de generación de energía eléctrica, no habría porqué pensar que el crecimiento en 2015 va a ser menor a esa cifra. Está claro que vamos a crecer menos que en los años anteriores, pero esa realidad está muy lejos de un escenario recesivo.

Por lo tanto, de acuerdo a los datos disponibles, el presupuesto como la política salarial deben discutirse sobre la base de una economía que se estima crecerá por encima de 6% en los próximos 3 años. Esto no significa obviar las dificultades internas y el contexto externo más desfavorable, sino incorporar todas estas dimensiones buscando las salidas más equilibradas y menos regresivas o nocivas para la sociedad y en particular para los sectores más vulnerables.

Frente al dato del PBI del segundo trimestre, tal vez lo más llamativo y preocupante es la caída del consumo privado que, más allá de la disminución provocada por las menores importaciones con un dólar más alto, es factible que las expectativas hayan desempeñado un rol importante. Ni desde el empleo ni desde los ingresos reales hay fundamentos sólidos para explicar dicha caída, por lo que seguramente ciertas visiones pesimistas y algunos anuncios “al achique” hayan permeado en la sociedad, contribuyendo a generar un clima propicio para frenar este componente tan importante de la demanda interna.

Por eso, la política salarial y el cuidado de los logros en materia de empleo deben acompañar este elemento dinamizador del mercado interno, particularmente cuando las perspectivas externas se deterioran.

El otro elemento fundamental para dinamizar el mercado interno es el gasto y la inversión pública, que debe desempeñar un rol fundamental como elemento amortiguador de la desaceleración económica. Si bien el déficit fiscal no debe seguir aumentando, la expansión del gasto público que necesita el país, particularmente en materia de educación pública, podría hacerse a partir de un nuevo avance de la reforma tributaria sobre todo en los gravámenes de las grandes rentas y altos ingresos.

Un tema más complejo es el del control de la inflación, en el marco de presiones alcistas sobre el dólar, su combate mediante la reducción salarial no sólo agravaría el poder de compra de los hogares ya que representa el 70 % de los ingresos, sino que tendería a acentuar la desaceleración. Teniendo en cuenta el carácter oligopólico de la mayor parte de los mercados nacionales, la moderación de los precios debe procesarse, con otras medidas, a partir de "compromisos de precios" más duraderos, amplios y efectivos que los actuales acuerdos de muy corto plazo y además que pueda controlarse su cumplimiento y no como ahora librados a la voluntad de cada participante.

Desde nuestra perspectiva, la coyuntura actual configura y requiere desafíos distintos. No parece sensata la estrategia del pánico, el achique desmedido y el retroceso de los logros alcanzados. Eso tenderá a profundizar los problemas del país. Por el contrario, debe apostarse a sostener la economía a partir del mercado interno, principal motor en estos años del crecimiento del país y apelando a la contribución de los sectores que más se han beneficiado en estos años y que cuentan con capacidad contributiva mucho mayor que los quincemilpesistas y de quienes dependen para vivir de la matriz de protección social financiada por el Estado.

Setiembre 2015

 

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